zarza rastrojera

Desde finales del verano hasta bien entrado el otoño las moras silvestres son un regalo para los que andan por los campos. Este arbusto espontáneo de tallos largos y leñosos con multitud de espinas ganchudas o rectas de la familia de las rosáceas, como el cerezo, Prunus avium o el espino blanco, Crataegus monogyna, y tiene gran variedad de especies –Rubus caesius (zarza terreña), flagellaris, fructicosus (variedad cultivada en los jardines), ideaus, macropelatus, ulmifolius, ursinus, etc.- por su facilidad para crecer en cualquier terreno húmedo. Entre mayo y septiembre presenta flores rosas o blancas que crecen en solitario o formando vistosos racimos. Su fruto, una pequeña bola rellena de bolas, es de color rojo cuando no ha madurado y más oscuro, casi negro, cuando se puede comer, según las zonas, desde finales del verano hasta bien entrado el otoño. Las zarzas siguen siendo útiles protectoras de huertos y cultivos de los animales, incluso de los más pequeños. El que desde 1975 es el barrio más densamente poblado de Europa, Zarzaquemada, se asienta sobre los terrenos que hasta entonces eran las huertas que dieron fama a una de las zonas de cultivo más cercanas a Madrid, tradicional proveedor de las verduras más frescas de la capital y su nombre hace alusión a la quema de rastrojos una vez recogidas las cosechas. Las últimas zarzas de Leganés se pueden ver por el arroyo Butarque a la altura del barrio de La Fortuna. Otros nombres de lugares como Moralzarzal o El Moral también hacen alusión a un árbol de frutos muy parececidos en el nombre y en la forma, aunque no tanto en el sabor: el moral, Morus nigra, árbol de gran porte cuyas hojas se emplean para alimentar a los gusanos de seda. Las zarzamoras son un fruto energético que se come crudo, incluso recién cogido de la planta, y en preparados de cocina para postres, mermelada y licores. De las variedades ursinus y macropelatus se ha obtenido el frambueso por hibridación. Para elaborar licor de moras se emplea una cantidad proporcional de frutos al recipiente que se va a emplear. Después de lavarlas concienzudamente eliminando los restos de tallos y pajas que puedan quedar adheridos al fruto, se echan en el recipiente apropiado, mejor de cristal y con cierre hermético y se rellena con aguardiente tradicional o para los que prefieran preparados más suaves, ginebra o licor de cerezas (kirch).

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