topado ha Pedro con su compañero

los papeles de WikiLeaks anti anonymous flyer scientology

Por suerte para mí, ninguno de los lameculos de ventaja de los dirigentes políticos principales se refiere a mi voto como objeto de trapicheo entre sus amados lídederes, cuando dicen que se los van a prestar a otros para que ocupen cargos realmente inmerecidos al no llegarles con los suyos. Acerté otra vez votando candidaturas o partidos extraparlamentarios, pero el trapicheo con votos propios y ajenos de los parlamentarios coincide con la diatriba de Luis Enrique, seleccionador español de fútbol, que en su etapa de jugador no solo sudó la camiseta como el que más, sino que la regó de sangre en 1 imagen emblemática que por sí misma demostraría que si alguien puede tener orgullo legítimo, o dar muestras de algo parecido sin que nadie pueda ni rechistar, es él. El problema de la soberbia, que no es delito, y para muchas personas, ni siquiera falta, o penalty, como el clamoroso que le hicieron a Luis Enrique en los minutos finales de la selección española en el mundial de Estados Unidos 1994, pues también fue medallista olímpico en Barcelona 1992, es que los que así se manejan y comportan, no solo no tienen soberbia u orgullo, sino que en el caso de tenerlo, muchos otros podrían discutírselo, y lo que es peor, sería como mentar la bicha de la envidia, parecido a ponerse a urgar con 1 palo en 1 avispero. Cuando se trata de versiones colectivas, incluso corales como equipos de fútbol y partidos políticos, a diferencia, por ejemplo de jugar partidas de ajedrez o escribir novelas burguesas de éxito, entre otras que se me ocurren, el daño del pecado de 1 solo elemento se reparte a todo el colectivo, de forma que lo mejor que les puede pasar a esos dirigentes políticos que les sobran votos como para prestarlos a quienes no los recibieron, es que en la próxima oportunidad para dar muestras de soberbia, sean ellos los que tengan que pedirlos. De lo que no estoy ni creo que estaré seguro nunca, es que si cambian las tornas, los soberbios y sus séquitos reciban el mismo trato faltón de los sobraos, incluso aunque lo pidan e incluso lo firmen con el viento de cara, a veces personajes de humo de los que nadie se cree de verdad que se piren cuando dicen que se piran con viento fresco. Pero lo que más me extrañaría es que alguien que se sentó en el banquillo por motivos parecidos, vuelva a caer en la misma trampa burda de los que no cumplen su palabra cuando en las primeras de cambio se demuestra que no la tienen, si no fuera probrablemente porque no saben hacer otra cosa, y si volvieran a tener otra oportunidad parecida, creen que lo harán tan bien o tan mal como para que nadie se lo tenga en cuenta.