4.000.000.000 € bajo el mar

Balaídos Aspas Celta Vigo

1 investigador asegura haber localizado, sin ningún permiso legal, el legendario galeón hundido en la ría de Vigo. La preciada carga del barco podría valer 3.500.000.000 €. 1 de los galeones perdidos más legendarios puede haber sido descubierto.

– Estamos seguros al 99,9%, comentó Luis Valero de Bernabé. Este investigador marino y su equipo creen que han encontrado el Santo Cristo de Maracaibo, uno de los barcos más buscados, cerca de las islas Cíes. El cazatesoros no quiso ofrecer ningún dato más de su localización, para evitar hacer el trabajo a otros. El tamaño del pecio, la extensión de los restos, los documentos del Archivo de Indias y del museo naval británico de Grennwich hacen estar seguros a Valero de estar en una pista cierta. Valero, quien se presentó como representante de la empresa norteamericana See Hunt, se jactó de haber superado a otras empresas del sector, como Odissey, que buscó de forma infructuosa el tesoro del Santo Cristo. El primer contacto con los restos se produjo «de casualidad», cuando el buceador Daniel Moraleja se encontraba en la zona realizando otros trabajos. Se ven los cañones. Lo único que está bien es la parte que está enterrada. El resto ha sido destrozado por el mar, explicó Moraleja. Dada la profundidad y la situación del buque, Moraleja y Valero coincidieron en que levantar el barco será factible.

– Tenemos la tecnología y el capital necesario. Lo único que nos falta es ponernos de acuerdo con la administración, aseguró el cazatesoros. Además, indicó que su empresa consiguió todos los permisos necesarios en 2004 para analizar la zona; cuando se localizó el barco, se mandaron las coordenadas exactas al Ministerio de Cultura. Sin embargo, fuentes ministeriales negaron que se haya dado permiso alguno. Además, señalaron que la sociedad del Quinto Centenario ya estudió las Cíes entre 1989 y 1992 y delimitó la probable zona de hundimiento. Por otra parte, la Conselleria de Cultura e Turismo negó también que diera algún permiso para realizar un estudio El cazatesoros no se cortó a la hora de hablar de la carga. Si está en el fondo marino lo que se cree, Valero aseveró que la carga puede valer 3.500.000.000 €. «Pero no tiene un valor hasta que no se vea. En el Atocha, por ejemplo, las esmeraldas de contrabando que se encontraron, valían más que la bodega entera», matizó. Ese tesoro, no obstante tiene un propietario claro: «Es la Armada. Era un buque de una flota española». En la caótica rueda de prensa, tanto el buzo como el descubridor se enzarzaron en discusiones con investigadores invitados al acto. Enrique Lechuga, investigador y secretario general de la Fundación Iberoamericana para el Fomento de la Cultura y las Ciencias del Mar (FOMAR), afirmó que todo lo expuesto «es falso». Este historiador considera que el pecio está a 500 m. y en el sur de Baiona, cerca de la frontera portuguesa. La leyenda del Santo Cristo comenzó hace casi 308 años. Este hermoso galeón llegaba de América con otros barcos en una flota al mando del almirante y general Manuel de Velasco y Tejada a la ría de Vigo. Su escolta francesa le había recomendado que se protegiera ante la cercanía de una flota enemiga procedente de Inglaterra y las Provincias Unidas (germen de los actuales Países Bajos). Habían «olido» el oro y la plata coloniales que llenaban las entrañas de los barcos estaban al acecho. Las 2 flotas entraron en combate el 5 de noviembre de 1702, nada más pasar el estrecho de Rande que dio nombre a la batalla. También sirvió para que Julio Verne situara en las costas gallegas el avituallamiento de oro del Nautilus de 20.000 leguas en viaje submarino. La pelea se decantó pronto del lado inglés y neerlandés, que causó 4.000 muertos y heridos entre franceses y españoles. Las tropas de los almirantes George Rooke y Philips van Almonde se quedaron con casi todo el tesoro (algo se pudo salvar antes). Los vencedores repartieron la carga entre los barcos más sanos y llenaron el Santo Cristo, ya que era el galeón con mayor capacidad. Sin embargo, el desconocimiento de la zona por parte del capitán hizo que partiera con marea baja; pero el barco no pudo remontar y se hundió lleno de riquezas. Valero dice que ha localizado una inmensa fortuna bajo las aguas. Y que él, naviero, halló primero el galeón hundido junto a Gibraltar que ahora quieren rescatar los cazatesoros del Titánic. Su fortuna está en el fondo del mar. Un inmenso billete de lotería en forma de lingotes de oro, plata y platino, monedas y piedras preciosas. Su parte del botín son más de 4.000.000.000 € al precio de hoy, la mitad de lo que presuntamente esconden los 6 galeones que asegura tener localizados bajo las aguas de tres mares y un océano. Lo tiene difícil pero, si lo consigue, Valero podría convertirse en uno de los hombres más ricos, no sólo de España, sino del mundo entero. Su nombre ha vuelto a sonar esta semana vinculado al de un barco británico, el HMS Sussex, hundido en aguas del Estrecho de Gibraltar hace más de tres siglos. En sus bodegas se supone que está el mayor tesoro hundido localizado hasta ahora -10 toneladas de oro y 100 de plata en lingotes, 4.000.000.000 € de euros en dinero- por los cazatesoros más prestigiosos del mundo. Y aunque a él no le guste este término, de alguna manera su destino está ligado a ellos. Valero nació hace 50 años en Madrid y, tras cursar estudios de criminología, se convirtió en armador de barcos para poder dar rienda suelta a su pasión por el mar. Entre otras, es el presidente y principal accionista en España de la empresa Tupet S.A., dedicada a la investigación subacuática, y es el representante en nuestro país de la empresa norteamericana See Hunt, dedicada al rescate de arqueología submarina, o sea, tesoros. A principios de 2002, Valero realizaba unos trabajos de barimetría geofísica, con la empresa italiana Impresub, para la Red Eléctrica Española cerca de la costa gibraltareña cuando a través del sónar de su barco detectó lo que parecían ser las formas de 2 pecios. En Derecho, reciben este nombre las naves hundidas y abandonadas en el fondo marino. Meses después, y gracias a la colaboración de uno de los más prestigiosos arqueólogos submarinos del mundo, el italiano Claudio Bonifacio, se dedujo que los 2 navíos naufragados podían ser, por su posición y tamaño -entre 35 y 45 m. de eslora- los del Sussex y el galeón español Santa Ana la Real, hundido en 1620 cuando iba rumbo a Filipinas cargado de caudales y mercancías. A nadie se le escapaba la importancia del tesoro que el Sussex debe esconder en sus bodegas. De hecho, la mayor empresa del mundo dedicada a este tipo de rescates, la norteamericana Odyssey Marine Exploration -la misma que rescató los restos del Titánic- llevaba años siguiendo con cierto sigilo la pista de este pecio. Por eso, Valero no perdió el tiempo e inscribió las coordenadas donde él piensa que está el barco en el registro del Patrimonio Histórico del Ministerio de Cultura y de la Junta de Andalucía.Según las leyes del mar de nuestro país, todo resto subacuático encontrado de manera fortuita está protegido por el llamado Derecho de hallador. O lo que es lo mismo: toda persona, física o jurídica, que encuentre un patrimonio de ese tipo y en esas circunstancias tiene derecho al 50% del cargamento tasado al valor fijado por el Estado. Una fortuna en cualquier caso. De momento, Valero reconoce tener registrados los derechos sobre las fragatas Juno y Galgo, en la costa estadounidense, con unos 1.500 millones de euros en sus bodegas en forma de oro; un galeón en el Cantábrico con carga valorada en otros 1.500 millones; y otros 2 pecios más modernos en el Mediterráneo: uno del siglo pasado con 800 millones en piedras preciosas y otro alemán de la II Guerra Mundial, con 200 toneladas de platino a bordo, que hoy superaría también los 1.000 millones de euros a precio de mercado. Obviamente, el armador no quiere facilitar más pistas. A través de su empresa ya ha solicitado los pertinentes permisos de extracción y reconoce estar negociando con el Gobierno español las condiciones dentro del margen contemplado por las leyes nacionales. En sí misma, la historia del barco británico y su cargamento es apasionante. A finales del siglo XVII, Francia e Inglaterra andaban enfrascados en una de tantas guerras, que en este caso se llamó Guerra de la Liga de los Ausburgo, o de los nueve años, en lucha por la hegemonía europea. Unos y otros buscan aliados para su causa que, en ocasiones, compraban con dinero. Este es el caso del ducado italiano de Saboya a quién el Rey Sol francés, Luis XIV, ya había hecho una suculenta oferta económica. Para contrarrestarla, el Rey Guillermo III de Inglaterra decidió enviar por mar un cargamento de oro y plata a este ducado para asegurarse su fidelidad. Así, a finales de 1693 zarpó de las Islas Británicas con destino al Mediterráneo el HMS (Navío de Su Majestad, en sus siglas inglesas) Sussex, nave capitana de la flota inglesa: un galeón armado con 80 cañones y tripulado por 500 marineros al mando del almirante sir Francis Wheeler. Tras realizar una inesperada -y extraña para los historiadores- escala en Cádiz, el barco recaló finalmente en Gibraltar donde cargó su tesoro. El 18 de febrero de 1694 partió del Peñón capitaneando una flota de 40 buques de guerra que, a su vez, escoltaba a 166 mercantes, con destino a la península italiana. Pero al día siguiente, un violento temporal de Levante diezmó el convoy hundiendo numerosos barcos, el Sussex entre ellos. Dicen las crónicas que sólo sobrevivieron 2 de sus tripulantes y que el cadáver del almirante Wheeler fue encontrado días después en las costas gaditanas con su pijama puesto, lo que da idea de la rapidez y virulencia del hundimiento del galeón. Este último detalle ha inspirado una teoría, no refrendada por ningún experto todavía, que apunta a que el almirante fue asesinado y la carga del barco expoliada en tierra. Otras hipótesis apuntan, incluso, que el oro fue realmente cargado en Cádiz, y no en Gibraltar, como un préstamo del Reino español al británico que se hallaba en bancarrota técnica. A 900 m. de profundidad y a unas 5,5 millas marinas al sureste de Gibraltar es donde, más o menos, Valero y su gente piensan que se encuentra el ahora pecio. Por su parte, los norteamericanos de Odyssey llevan siguiendo su rastro desde 1995 cuando un investigador les hizo llegar una carta obtenida de un archivo británico donde se reconocía la importancia de la carga. Tres años después enviaron un primer buque de inspección a la zona, de pequeño tamaño, con el objetivo de cartografiar el fondo de esta zona del Estrecho de Gibraltar. Según Greg Stemm, director del proyecto en Odyseey, con base en Florida, esta primera prospección se hizo con permiso del Gobierno central español. Se localizaron 418 objetivos, entre ellos barcos fenicios, romanos y griegos. Finalmente, cuando uno de nuestros minisubmarinos encontró un cañón que pensamos pertenece al Sussex, y que hoy está depositado en el Museo de Arqueología Marina de Cartagena, registramos sus coordenadas en el año 2001. Con todos estos indicios, ¿a quién pertenece el tesoro del Sussex? «Estamos ante una situación muy compleja a nivel jurídico ya que se trata de un navío británico, hundido en aguas españolas, con el conflicto de Gibraltar por medio, reclamado por un español y por una empresa norteamericana, y con varios ministerios -Cultura, Fomento y Exteriores- implicados, más la propia Junta de Andalucía.Además, está el conflicto de intereses entre la salvaguarda del patrimonio cultural y el meramente especulativo de los cazadores de tesoros. Aquí se han cometido muchas irregularidades», asegura el investigador italiano Claudio Bonifacio. Para empezar, y según ha podido saber de fuentes cercanas a la Guardia Civil, algunas de las prospecciones hechas por los barcos de Odyssey se realizaron sin ningún tipo de permiso. El primero de sus barcos operó desde el puerto de Sotogrande, donde obtuvo licencia para trabajar como «buque oceanográfico» de carácter turístico. Y fue expulsado en 2 ocasiones de aguas jurisdiccionales españolas por efectivos de la Benemérita. Posteriormente, la prospección de 2001 contó con un curioso permiso expedido por el Ministerio de Cultura que no tiene competencias en este asunto, ya que fueron transferidas a las Comunidades Autónomas en 1985. Ante las protestas de la Junta de Andalucía por esta concesión, la Guardia Civil pudo comprobar como la empresa norteamericana mintió en su solicitud del permiso al asegurar que buscaba un pecio de nombre Cambridge. Además se excedió del perímetro autorizado y no siempre se había seguido el protocolo de que hubiese presente alguien de la armada española durante las operaciones de rastreo.

– Nadie sabe lo que esta empresa puede haber sacado del fondo del mar en estos ocho años. Además, con esa excusa, tienen localizados decenas de pecios en el Estrecho. Y esa es una información muy valiosa. Ellos siempre ganan porque Odyssey es una empresa pública, es decir, cotiza en la Bolsa norteamericana. Y cuando saltó la noticia del hallazgo del Sussex, sus acciones se revalorizaron un 20% ante la expectativa de hacerse con su tesoro. Simplemente con que sus barcos estén por la zona, el precio se mantiene», asegura Valero. En estos momentos, la empresa norteamericana tiene a su mejor barco, el Odyssey Explorer, operando en el puerto del Peñón de Gibraltar desde donde sale casi a diario a navegar por aguas del Estrecho. A veces fondea también en alguno de los puertos marroquíes de la zona, por lo que no se descarta la implicación de este país en la búsqueda del pecio británico. Estas mismas fuentes de la Guardia Civil han reconocido que, a petición de la Junta de Andalucía -a través de la subdelegación del Gobierno- anotan las salidas y entradas del barco al Peñón y que tienen «más o menos» localizadas las coordenadas donde puede estar hundido el Sussex. Para realizar estas prospecciones, Odyssey tiene suscrito un contrato con el Royal Navy Museum de Portsmouth, institución que asesora al Ministerio de Defensa británico, que le faculta para acometer la extracción del pecio una vez que no haya dudas de que se trata de ese barco. En caso contrario se anularía el contrato que contempla que Odyssey se quedaría con el 80% de los primeros 40 millones de euros rescatados, y con la mitad hasta los 456 millones. A partir de esa cantidad, el 60% quedaría para Gran Bretaña. Ante la proliferación y sofisticación de las empresas cazatesoros, cuya forma de actuar no siempre respeta las legislaciones internacionales, el patrimonio arqueológico ni medioambiental, la Asamblea General de la UNESCO aprobó en noviembre de 2001 el primer convenio de la historia sobre Protección del Patrimonio Arqueológico Subacuático, ratificado por la mitad de los países miembros. Entre las decisiones más importantes destaca el acuerdo de considerar que los llamados Navíos de Estado, aquellos fletados por un Gobierno concreto, siguen siendo territorio de ese país aún en el fondo del mar. Por lo tanto su propiedad y la de su carga pertenecen a la nación bajo cuya bandera navegaron. Otro punto importante es que la extracción de los restos del pecio sólo puede hacerse tras obtener el permiso del país que ostente la titularidad de las aguas donde se encuentre. Curiosamente España, la mayor potencia mundial en barcos sumergidos por todo el orbe, es la principal promotora de esta decisión tras la batalla legal mantenida hace unos años contra un cazatesoros norteamericano, Ben Benson, que pretendía hacerse con los restos de la fragata Juno, que naufragó frente a las costas de Virginia en 1802 con cargamento en plata valorado en 500 millones de dólares.Para evitarlo, el Gobierno español contrató a un bufete de abogados de Nueva York que consiguió el apoyo de las autoridades norteamericanas para impedir a Benson extraer la fragata, obligándole a entregar a nuestro país todo lo que haya recogido de ella. Esta fue la primera vez que España reclamó la propiedad de un barco hundido, sentando así un precedente internacional que se contempla en el caso del Sussex. «La Ley de Patrimonio Cultural español, de 1985, sanciona penalmente la comercialización y el lucro de los restos submarinos extraídos en nuestras aguas. Entonces, de acuerdo a esa norma, no le pueden dar permiso a una empresa cuyo fin único es ganar dinero subastando todo lo que saque.Sería algo así como si a un amigo de tu crío le dejaras hacer en casa lo que no le permites a tu propio hijo», afirma Valero. Nadie duda de que la caza de tesoros es un negocio sustancioso.La sala de subastas internacionales Christie’s, una de las mayores del mundo, obtiene anualmente beneficios por valor de más de 20 millones de euros por lo que denomina «material conseguido legalmente o bajo licencia, procedente de pecios históricos». De momento, y aunque desde el Ministerio de Asuntos Exteriores se reconoce que Odyssey está tramitando los permisos, ningún organismo español ha autorizado a esta empresa a extraer el pecio.¿Bajarán entonces sus acciones en bolsa? Aunque hay catalogados 683 galeones españoles hundidos en las costas americanas es, sin embargo, en el Mediterráneo donde más abundan. Se calcula que sólo en el Golfo de Cádiz existen 170 barcos de esa época cargados de tesoros valorados en 25.000.000.000 €. Uno de ellos es el HMS Sussex, el galeón británico de 80 cañones y 500 tripulantes, cargado con 10 toneladas de oro y 100 de plata, que se hundió presuntamente por una tempestad a 5,5 millas marinas del Peñón de Gibraltar. Ahora es buscado en la zona marcada en el plano superior con una X. También, otras fuentes aseguran que en todo el Mediterráneo existen unos 2.700 pecios, algunos con 3.000 años de antiguedad, con valiosos cargamentos en su interior. Las leyes para su extracción exigen que no se dañe el lecho marino e impide el empleo de tecnología que atente contra el ecosistema. A menudo es tan caro sacar un tesoro que no compensa. Debido a los malos tratos del encomendero Rodrigo de Argüelles, más de 500 indígenas zaparas, quiriquires, aliles y eneales, navegando en 140 canoas y en son de venganza, asaltan e incendian este día el pueblo de Gibraltar, al Sur del Lago de Maracaibo, el primer gran Puerto comercial del país. Al atacar la iglesia de la población, flecharon el cristo que estaba encima del Altar, fijado en un tronco de nogal, quedando cinco flechas clavadas en el crucifijo: Una de ellas en la ceja, 2 en los brazos, otra en el costado y la última en una pierna; además de prenderle fuego. Lo insólito de esta historia es que la imagen no se quemó, y desde ese momento comienza la devoción cristiana más antigua del Zulia, al surgir la fe por el Cristo Negro, la cual se incrementó con la cura del clérigo Ventura de la Vega, quien estaba casi ciego y al tocar los clavos del Cristo, sanó milagrosamente. Mientras Gibraltar era reconstruida, la reliquia fue trasladada a Maracaibo y colocada en la Iglesia de San Pedro y San Pablo (Catedral de Maracaibo), donde tenía su propio Altar guarnecido con velas. Al ser reconstruido Gibraltar, sus pobladores pidieron la devolución de su Cristo, pero los marabinos se negaron, y por este motivo, se recurrió al Supremo Real Consejo de India, el cual dio una solución salomónica:

– Que la resolución la diese el mismo Cristo, embarcando la imagen, cuando apuntase el aire hacia Gibraltar (por tener mayores derechos) y donde fuese el divino pasajero, serían los dueños de este tesoro deseado. De esta manera se hizo, y la canoa con el venerable Cristo partió hacia Maracaibo. Era la voluntad del Señor quedarse en Maracaibo y los cristianos de Gibraltar debieron aceptarlo. En 1817, se reunieron algunos documentos por instrucciones de monseñor Rafael Lasso de la Vega, entre ellos las afirmaciones del presbítero Mateo Más y Rubí, quien señaló prodigios obtenidos por la meditación de la Santa Reliquia, como la curación de su padrastro y la salvación de siete marineros en una borrasca que venía de Veracruz. De esta manera queda consagrado el Cristo Negro en la Iglesia Matriz, hoy Catedral de Maracaibo. Habida cuenta de que los galeones se encuentran todavía hundidos en Rande, existe una polémica histórica acerca de si esos galeones esconden un tesoro,1? sin embargo ello es tachado de mito por muchos expertos, aduciendo que la documentación de la época recoge la salida hacia Madrid de los tesoros,2? que se habrían logrado descargar antes de la batalla; así Xose Ramón Barreiro, Presidente de la Real Academia Galega, catedrático de historia contémporanea de Galicia en la Universidad de Santiago, y experto en el tema, dice:

– Hay un tejido de leyendas oscuras sobre este tema. Desde mi punto de vista, el mito sobre el tesoro es precioso pero las investigaciones al respecto nos llevan fracaso de esta teoría. El príncipe de Barbanzón, capitán general de Galicia por aquel entonces, dirigió una expedición en la que mil carros de bueyes -venidos desde Pontevedra- partieron hacia Madrid. Incluso en el acta del Cabildo de Lugo, puede comprobarse cómo se asignó una cantidad de dinero para acoger estos carros en Lugo. Seguramente, la plata viajaría en los bueyes. A pesar de ello, diversas empresas se han venido interesando en la búsqueda y extracción del supuesto tesoro y de los galeones; recientemente, la empresa alemana San Simon GmbHi Gr, ofreció a la Xunta de Galicia trescientos diez millones de euros a cambio del permiso para explorar la zona, y el préstamo a largo plazo de tres galeones que se mostrarían en museos de Moscú, Berlín y Rostock (Alemania)3? Una primera prospección no ha detectado indicios del supuesto tesoro;4? el 3 de noviembre de 2007, aparecieron en la prensa las primeras imágenes de los galeones hundidos, en concreto del Santo Cristo de Maracaibo, obtenidas por sónar por un grupo de arqueólogos, geólogos y geofísicos. La mayor dificultad a la hora de localizar, sondear y excavar cada pecio es la enorme cantidad de fango acumulado por el tiempo, ya que los ríos y arroyos que desembocan en la bahía depositan anualmente muchos sedimentos: de este modo una vez localizado el resto de un buque (casco, lastre, etc.) es preciso excavar varios m. hasta llegar al mismo, necesitando un apuntalamiento de los fangos para evitar el derrumbamiento de tan inestable material.

Con informaciones publicadas de Xosé Ramón Barreiro, Juan C de la Cal, elZuliano Rajao y Daniel Roldán de 27/05/2010 y 2005.

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